Gadgets y supervivencia

No hay semana en la que no aparezcan nuevos cacharritos informáticos para llevar en el bolsillo. De hecho hay webs de noticias diarias exclusivamente especializadas en gadgets tecnológicos. Algún estudioso podría trazar un mapa en árbol de las diversas familias de gadgets. El gadget informático es una especie que habita en los mismos nichos ecológicos que los seres humanos. Bien domesticados son indudablemente útiles, cualquier madre sabe lo distinto que es ir con su hijo a la consulta del médico con una GameBoy o sin ella.

Tal como sucede en cualquier rama del mundo animal y vegetal, en el mundo del gadget hay muchas especies híbridas que están surgiendo por la convivencia de estos cacharritos entre ellos. De forma inevitable se crean poblaciones que se estancan y envejecen rápidamente. La reproducción cruzada y la mezcla selectiva crea nuevas especies más adaptadas al entorno humano, especies más resistentes al ser capaces de simbiotizar mejor con el huésped humano que los transporta. Así tenemos el caso de teléfonos móviles que ya son cámaras fotográficas de alta resolución, o teléfonos móviles que son agenda, o teléfonos móviles que son radios, o consolas de juego que reproducen películas, o PDAs que son navegadores de mapas, o PDAs que son teléfonos móviles, coches que hablan, que muestran películas, teléfonos integrados en auriculares, memorias físicas que llevan canciones, incluso frigoríficos capaces de enviar la lista de la compra al súper, o diversas combinaciones de ellos que aparecen de forma espontánea el día menos pensado.

Este panorama es complejo y la evolución de estos gadgets tan rápida que ya no sabemos qué es lo que está a la última y cuál es más útil. Conceptos como calidad o durabilidad son abstracciones difíciles de encajar en este terreno. Pero algo es cierto: tienen un efecto muy positivo sobre la salud de los huéspedes humanos que los transportan, todos parecen sentirse mejor con ellos encima, ni que sea de forma aparente. Y es que estas especies están dotadas de una inteligencia innata que les ha permitido incluso cohabitar con huéspedes humanos que hace muy poco eran bastantes reacios a la tecnología. Poblaciones enteres de países poco desarrollados parecen carecer totalmente de vacuna contra estos pequeños invasores, pues su ajustado tamaño les permiten encontrar sitio en el bolsillo de cualquiera.

Estamos asistiendo a una explosión demográfica sin precedentes de estos gadgets que están transformando nuestros paisajes urbanos, cada uno adaptado mejor a un entorno específico: transportes públicos llenos de pequeños reproductores mp3, patios de escuela llenos de móviles con vídeo cámara, museos poblados de cámaras digitales bien disimuladas en la palma de la mano, reproductores DVD enquistados en techos de coches en las típicas caravanas de fin de semana, hacia la nieve en invierno, hacia la playa en verano; cada uno ha encontrado su ambiente ideal.

De todos modos estas especies parecen aún muy indefinidas y a pesar de engancharse fuertemente a su huésped tienen un ciclo de vida muy corto, se ven desplazadas rápidamente por nuevas generaciones más capaces, más versátiles y más pequeñas. Todos los huéspedes humanos tiene en casa un sentido cementerio de gadgets en un cajón, donde, de vez en cuando, pueden contemplar los cuerpos sin vida de sus primeros ejemplares, hoy ya de aspecto grotesco frente a las pequeñas mascotas actuales.

Dado que estos gadgets se alimentan básicamente de contenidos multimedia, razón por las que los mencionamos en esta web a pesar de no dedicarnos a los temas medioambientales, han llegado a unos extremos de voracidad preocupantes. Esta voracidad fuerza a sus huéspedes humanos a crear y crear, a consumir y consumir, cada vez más contenidos multimedia, ya sin apreciarlos si quiera. La música, el cine, la literatura, los juegos, se ven trivializados, triturados, devorados por los humanos gracias, o debido, a estos pequeños seres. La duda es saber si al acabar los gadgets con todos los contenidos multimedia conseguirán que estos desaparezcan irremisiblemente. Sería un error de cálculo preocupante por parte de su creador, si al acabar con su fuente de alimentación acabasen con ellos mismos.

La ecología nos enseña que en nuestro planeta hay dos especies capaces de explotar tanto su entorno que pueden acabar con él: los virus y los humanos. Quizá ahora hay tres.

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