Ruinas del pasado glorioso

Hablaba hoy con un ingeniero informático conocido mío sobre su anterior trabajo en un Instituto de Educación Secundaria, en el cual cada vez su tarea había sido menos docente y más técnica. Es decir, el mantenimiento informático que toda organización necesita: que si resolver problemas de la red por allí, que si reparar ordenadores por acá, etc. De todas las tareas que le tocó hacer, ninguna más absurda que la de hacer horarios. Absurda porque esta tarea se le supone a un jefe de estudios, pero la complicación de la organización académica acabó requiriendo de un sistema informatizado y, claro, “¿quién sabía más de ordenadores en la casa?”.

Primer punto aplicable a los problemas de I+D+i: las empresas acaban asignando las tareas más vitales de su organización a profesionales ajenos a su campo.

Sin apenas ayuda, sólo de otros compañeros implicados más o menos en el mismo marrón, mi colega fue montando un sistema para ejecutar esa tarea de la forma más rápida posible, ya que cada año las nuevas leyes educativas iban complicando más si cabe el proceso, y reduciendo su tiempo de vacaciones (tal vez era el único de toda la escuela sin el mínimo de mes y medio de vacaciones estivales que disfrutaba el resto). El resultado final, un complicado equilibrio entre los dispares intereses de la dirección, los trabajadores (profesores) y alumnos (clientes).

Segundo punto: la I+D+i es un proceso que necesita de todas las partes para tener verdadero éxito, pero sobretodo de alguien que las ponga de acuerdo.

En fin, que finalmente un buen día nuestro informático marchó del Instituto y pareció que todo quedaba igual. Pues no, a pesar de los esfuerzos de la dirección, ninguno de los sustitutos pudo entender las explicaciones del sistema que mi conocido había implementado. Y no fue por falta de horas. Fue más bien un “resuélveme ahora este problema que gano margen para el año siguiente”.

Tercer punto: la I+D+i sólo tiene éxito si la empresa integra el resultado en su propia estructura y organización, haciendo suya la innovación.

- ¿Y cómo acaba la historia? - le pregunté.

- Pues aún no lo sé. Sólo sé que este año no me han llamado - me dijo él, y enseguida una sonrisa malévola cruzó su cara. - Bueno, y que en vez de importar la base de datos de alumnos matriculados que han hecho las secretarias, están entrando de nuevo cada alumno en el programa de horarios. O sea, doble trabajo de nuevo.

Cuarto punto y conclusión de este artículo: la innovación no es responsabilidad de un equipo, sino de toda la empresa. En este mundo cambiante, o blindas al experto y rezas porque viva para siempre, o haz que todos juntos crean y se impliquen en avanzar hacia adelante.

O todo tu valor añadido se habrá quedado abandonado en la Historia como las ruinas del Pasado.

 Imagen @Hispania Romana Forat 

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